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¿Qué es y cómo se trata la alergia?

La alergia es una reacción de defensa exagerada del organismo contra sustancias externas que penetran en el cuerpo y que, para las personas no alérgicas, son inofensivas.

Esas sustancias pueden penetrar por el aparato digestivo (alimentos, medicamentos) o a través del aparato respiratorio (inhaladas), pueden ser absorbidas por la piel (por contacto) o atravesar la misma (inyectadas, picaduras).

El sistema inmunológico del cuerpo, que es el encargado de defender el cuerpo de los ataques externos de bacterias, virus y tóxicos, intenta, en las personas con alergia, neutralizar estas sustancias inocuas (alérgenos) por mecanismos que resultan dañinos contra el propio organismo y causan los síntomas de la alergia.

Casi cualquier sustancia puede ser alergénica: alimentos, medicamentos, sustancias que flotan en el aire y se respiran (como el polen, los hongos, las partículas de ácaros o la caspa de los animales), sustancias que se tocan, materiales utilizados en diversas profesiones, etc.

 

¿Cómo se puede tratar?

La alergia tiene tres tipos de tratamiento: el de rescate o de alivio de los síntomas, el preventivo y el etiológico o de la causa. Se adapta individualmente a cada paciente:

 

  • Tratamiento de rescate: debe hacer efecto en poco tiempo y es diferente según los síntomas de la alergia. Un ejemplo es el principal tratamiento de rescate de la rinitis: los antihistamínicos, que se pueden tomar en pastillas o en jarabes o bien por vía tópica, en forma de espray nasal. Los primeros antihistamínicos se tomaban cada 8 horas y daban sueño; los más modernos se toman cada 24 horas y no suelen producir somnolencia.

 

  • Tratamiento preventivo: se utiliza para evitar la aparición de síntomas o para que estos sean lo más leves y menos frecuentes posible. El médico especialista debe valorar la necesidad de este tipo de tratamiento.

 

  • Tratamiento etiológico: El más habitual es la evitación de alérgenos, esto es una serie de normas para disminuir o evitar por completo el contacto del individuo alérgico con las sustancias a las que una persona es alérgica. En el caso de los alérgenos respiratorios, como los pólenes y los ácaros del polvo, que afectan a las vías respiratorias y/o a la conjuntiva ocular, es recomendable incluir en el tratamiento los lavados nasales con agua de mar para limpiar la cavidad nasal de los mismos.

 

Contenido extraído de Club de la Farmacia